Los Roques en mochila – ¡OH CHARALLAVE!

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Los Roques en mochila – ¡OH CHARALLAVE!

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Charallave y su tren

Ya solo nos separaba de Los Roques 154 km desde Caracas, habíamos descontado poco mas de 650 km desde nuestra natal Mérida.

El animo alto y mucha convicción, el 21 de Julio debíamos llegar a Charallave y si lográbamos llegar bien temprano podíamos acercarnos al Aeropuerto Caracas (Aeropuerto de Charallave) donde, si las condiciones eran propicias podíamos conseguir una “cola” hasta el archipiélago. Las investigaciones y consejos recibidos nos indicaban que es mucho más fácil llegar a Los Roques a través de Charallave que por Maiquetia. Un tiquet de avión para un vuelo comercial tiene el costo de ida y vuelta en 250 dolares (para este día aún no digería muy bien la necesidad de cambiar los bolívares en dolares de manera automática para hacerse una idea de la cantidad de dinero en moneda nacional) lo que equivalía a la fecha a 750 millones de bolívares fuertes, es decir 7 mil 500 bolívares soberanos. Resulta bastante evidente que el precio es prohibitivo para los 30 millones de Venezolanos que habitamos esta tierra.

Ya había desarrollado mentalmente la ruta con la ayuda de google.maps, llegar a La Bandera, ir en metro hasta la estación La Rionconada, allí tomar el tren hacia Los Valles del Tuy y ya estaríamos en Charallave. Así ocurrió y a las 9 y 30 estábamos en Charallave, de manera increíble el metro y el tren estaban con poca gente y agradables para ser usados, pero no todo resulta como debe y menos en Venezuela, no debía faltar ese condimento a documental de National Geographic, “Preso en el extranjero” o “Fronteras peligrosas de América Latina” del canal ID.

A lo NatGeo

Deambulábamos hacía la salida de la Estación del tren de manera placida, la estampida de personas era espectacular, cada quien parecía tener más prisa que el otro, Carlos y yo avanzábamos con nuestros morrales de montaña tratando de evitar el choque con aquellos apurados ciudadanos cuya mirada se posicionaba solo en la salida de la estación. Nuestra parsimonia era típica de un andino (gocho como les dicen por acá), llegando a la salida un hombre de mediana estatura levanta su cabeza entre la multitud y empieza a seleccionar a ciertos individuos, entre ellos a Carlos. Yo aún no entendía lo que pasaba, así que me le acerque al hombre identificándolo como un Policía Nacional y de inmediato predije lo que venía.

El hombre me señalo a mi también para que pasáramos a la oficina de policías junto a otros tantos seleccionados por él y otro sujeto que se mezclaba entre los quizás cientos de usuarios que descendían del tren.

Sin ningún apuro le dije a Carlos, “Ok, vamos”, el funcionario nos señalo una puerta que tenia semi pintado el logo de la Policía Nacional Bolivariana. Al entrar a esa suerte de oficina comenzamos a notar el numero de personas que fueron “gentilmente invitadas”.

Una especie de mujer (sin ánimos de ofender al genero) se encontraba en toda la entrada metiéndose dentro del pantalones su camisa de PNB gesticulando cual macho alfa las siguientes palabras: “bueno mamaguebos, si no quieren que los detengan no salgan de sus casas”, levantaba las manos al mejor estilo malandro. Que orgulloso me encontraba de este cuerpo policial, su educación era la más exquisita muestra de dedicación y respeto al prójimo. Al concierto de insultos a quienes nos habían “invitado”  se unían 3 o 4 funcionarios mas, quienes proferían insultos mas bondadosos que aquella mujer.

“Piernas abiertas todo el mundo”, fue la orden que recibimos, “tiren sus morrales al piso”. Obedecimos, miraba a Carlos para que se quedara tranquilo y cooperáramos con la autoridad. Estábamos en el medio de la fila de 10 o 12 personas a requisar, los agentes empezaron por las esquinas, protestas, mentadas de madre semi silenciosas, la mujer policía pegando gritos, todo un caos. Cuando nos toco a nosotros la tensión de los agentes ya se había relajado, se habían insultado lo suficiente, o quizas nuestra calma típica andina les bajo dos (o nivel), uno de ellos nos ordena que abriéramos las maletas, así lo hicimos, salio de mi morral comida, ropa y papeles, el agente me pregunta: “¿de donde son Uds.?”, “de Mérida” conteste, “y a que se dedica ciudadano” volvió a preguntar, “soy docente” conteste. De inmediato se sintió la relajación del ambiente, Carlos se apuro a decir que venia conmigo y termine diciéndoles que veníamos de vacaciones. El funcionario termino la inspección y nos pidió recoger y guardar nuestras cosas, podíamos irnos. Quedaron en la sala solo dos personas, uno de ellos tenia unos paquetes de algo parecido a salsa de tomate y mayonesa en sobre, los policías estaban contentos, parece que habían hecho bien la pesca, supongo que algo de esa mercancía quedo para ellos.

¡OH CHARALLAVE!

Luego de nuestra experiencia NatGeo empezamos a buscar un apartamento que un amigo nos facilito para, en caso de no tener suerte en conseguir la cola nos devolviéramos a pasar la noche allí, era como nuestro puesto de operaciones, desde allí salíamos o retornábamos si era necesario y el objetivo (llegar a Los Roques) no era cumplido.

Decidimos tomar todo con calma, la suerte nos había sonreído hasta ese día, así que nos preguntamos, ¿por qué retarla?, ¿por qué no pasar una noche en Charallave?, así fue, paseamos por Charallave (no hay mucho que conocer), nos tomamos unas cervezas, compramos algunas provisiones, descansamos y nos mentalizamos para lo que pensamos seria el viaje definitivo.


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