Los Roques en mochila – Operación Aeropuerto

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Los Roques en mochila – Operación Aeropuerto

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En el Aeropuerto Charallave

En la dulce espera de la cola

Día 1. Domingo 22 de Julio 2.018.

Logramos conseguir un vecino del apartamento en Charallave para que nos sirviera de taxi hasta el Aeropuerto Caracas, 13 km era la distancia desde nuestro punto de operaciones.

A las 8 am llegamos al Aeropuerto Caracas, “Oscar Machado Zuloaga”, ¡el abolengo por delante! como dirían en tiempos de la colonia. Este es un aeropuerto privado que despacha vuelos nacionales e internacionales. Sus socios, la mayoría propietarios de aeronaves y dueños o rentadores de los hangares de que dispone, le dan ese toque aparte de estilo y elegancia a lo caraqueño del este.

Acceso único por carretera, aéreas verdes impecables, una zona de estacionamiento cómoda, sala de espera amplia con suficientes sillas, cafetin, baños limpios, ascensor para maletas, ¡que más te puedo pedir, que no te haya pedido!. Un Banco, el BNC, sin colas, con atención esmerada de sus trabajadores, ¡eso sí!, no crean que es el paraíso, tampoco tenía efectivo.

Pedir la cola en avión era una técnica totalmente desconocida para mi, a diferencia del tradicional “autostop” donde levantas el dedo pulgar y te paras a orilla de carretera con cara de tragedia esperando que los conductores se compadezcan de ti; el arte de pedir la cola en avión me resulto totalmente desconocido por lo que tuve que observar, conocer y entender como se maneja el sistema aeronautico, a pesar de que ya tenia algo de conocimiento por mis cursos de Planificación SAR aérea, aún así la cosa no fue fácil.

Debíamos visualizar donde estaban las oficinas de aproximación de trafico aéreo (APP), allí llegan los pilotos a entregar sus planes de vuelo, generalmente los pilotos pasan muy rápido sin dejar chance de intercambiar palabras, y entregan su Plan de Vuelo, así que debíamos ser muy sutiles y sobre todo contar con la suerte de que, quien se acercara a la oficina (se encontraba cerca de la salida, a mano izquierda y lateral al puesto de migración y la Guardia Nacional) efectivamente viajara a Los Roques.

A medida que pasaban las horas de la mañana la sala de espera se llenaba de gente, al rato se vaciaba, nos acostumbramos a reconocer cuales eran los pilotos y nos acercamos a uno que otro con mucha timidez y miedo, ¿disculpe señor, Ud. va a Los Roques?, muchos de ellos nos miraban de reojo, fruncían sus cejas o decían sencillamente “no”.

Nuestra inexperiencia fue de inmediato captada por el personal de seguridad del aeropuerto, quien nos pidió en reiteradas oportunidades que teníamos que estar en la sala de espera, no podíamos estar en el piso correspondiente al embarque de pasajeros y APP. Quien también se percato de nosotros fue un bombero, con quien me anime a conversar y sacarle información.

Freddy (nombre ficticio), el bombero, es de Margarita y estaba esperando una “colita” para Porlamar, así que nos pegamos a él, pues se notaba que conocía los pilotos y la ruta que hacían, ademas, con su uniforme, tenia acceso a la APP y a conocer de primera mano quienes iban a Los Roques. Me sorprendió el nivel de destreza de este hombre, se notaba que había trabajado allí y además que era usuario asiduo de la terminal aérea.

“Tranquilo chamo yo te digo cuales son los pilotos que van a Los Roques”, me dijo Freddy, “de aquí salen muchos vuelos, eso te dan la cola, yo hablo con los pilotos, jodido estoy yo que voy pa’ Margarita y no ha salido nada”, ratifico Freddy llenándome de optimismo. Contar con él fue una bendición.

El día transcurrió entre la sala de espera y la sala de embarque, caminando de un lado para otro, al final de la tarde Freddy me dice: “hoy hubo mucho vuelo a Los Roques, pero iban full. Se fue un gentío en cola, tu viste a la chama que se sentó…” empezó a describirme las distintas caras que habíamos visto durante el día “… esos iban pa’ Los Roques, trabajan allá”.

A las 5:30 pm ya no teníamos esperanza, Freddy nos explica que a esa hora ya no salen vuelos a Los Roques. “Mañana es lunes, vénganse temprano que hay mas chance de irse”. Llamo al señor que nos hacia de taxi y retornamos a Charallave. Freddy nos dice “miren ese capitán va mañana pa’ Los Roques, acaba de entregar el Plan de Vuelo y va vacío, hablen con él”. Así lo hicimos, el capitán nos dijo, “claro, no tengo problema, estén mañana temprano”. El trato y lo atento que fue el piloto (nos miro a la cara) nos lleno de esperanza y alegría. “¡SI, SI! mañana tempranito estamos aquí” festejaba Carlos.

Día 2. Lunes 23 de Julio.

Dicen por allí que la mejor manera de sacudirse lo que molesta es con una sonrisa, eso destruye cualquier intento de molestar nuevamente, amén de toda capacidad de reinventarse por parte del fastidioso.

Eso fue lo que paso, a las 6 am llegamos al aeropuerto con la esperanza de encontrar el gentil piloto, no había nadie, prácticamente abrimos el aeropuerto y nos apostamos al frente de la sala de embarque, eran las 8 am y el piloto no aparecía. Cuando llega Freddy nos dice: “no chamo, ese carajo no entro por aquí, ellos pasan directo con sus carros hasta el hangar y salen, los que entregan el Plan de Vuelo el día anterior hacen eso”. Ni modo, como muchacho enamorado y no correspondido aceptamos el hecho y comenzamos a hacer nuestras solicitudes nuevamente, mente positiva y animo, ya habíamos entendido como era la movida en el aeropuerto.

No se vale poner cara de tragedia para pedir la cola en avión, debes ser resuelto y transparente en la solicitud, teníamos que hacer más amigos entre el personal del aeropuerto, nos recomendaron hacernos amigos de la Guardia Nacional, ellos podrían ayudarnos a conseguir la cola, más adelante entendí que ellos son un decorado más del aeropuerto, quienes mandan allí son los dueños, socios y clientes.

Este día se agrego a los buscadores de cola una familia compuesta de dos niñas, la madre y lo que supongo era la pareja de la madre. Querían ir a Margarita, venían de Maiquetia pero lo oneroso del pasaje y todo el caos que involucra un viaje aéreo los habían obligado a pedir la cola.

Eramos 7 los que estábamos en la lista de “cola”, Freddy, Carlos, la familia de 4 y yo, el día transcurrió como el anterior, vimos mucha gente que iba a Los Roques pero ya tenían cuadrada la cola, los agentes de la Guardia Nacional fueron muy amables y una de ellas, muy pilas por cierto, le resolvió la cola a varios, claro está, ya la conocían y ella solo intentaba convencer a los pilotos que llevaran a un residente o un trabajador hasta el archipiélago.

Con Edgardo y TLT

Con Edgardo y TLT

No había cola para Margarita, no había cola para Los Roques, a los 7 en cola se suma este día dos más, Edgardo de La Tele Tuya, el narrador de los partidos de fútbol, y su esposa.

El numero de “coleros” era alto, eso no nos hacía sentir solos en la batalla, pero 9 era un número peligrosamente alto, las probabilidades de que saliéramos todos eran nulas y obviamente nadie aseguraba que se respetara un orden.

A las 4 de la tarde se incorpora una señora, su pareja y un joven quienes van a Los Roques también. Esta señora, cuyo nombre no recuerdo, nos decía que trabajaba en Los Roques, era la encargada de las plantas dezalinisadoras, en plena conversación recibe una llamada desde el archipielago donde le informan que una de las plantas “esta echando humo”. Ella se alarma y se estresa pues debía llegar a Los Roques “hoy mismo”.

A eso de 5 pm la señora reconoce a un piloto, se le acerca y le pide el favor, el piloto le dice, “solo dos”, ¡coronada!, se va ella y su hijo, la pareja se queda junto a nosotros.

El animo estaba por el piso, así que me dedico a hacer un Plan B.

Día 3. Martes 24 de Julio.

Día no laborable, a las 6 am de nuevo en el aeropuerto, renovamos las esperanzas y seguimos nuestro ritual, la familia llevaba dos días durmiendo en el aeropuerto, los GN le habían ofrecido hospedaje, sobre todo por las niñas.

La familia logro irse a Puerto Ordaz, se fue también Freddy, Edgardo no subió ese día, eramos 3 en cola, bien temprano un piloto grita “epa llevo un puesto vació pa’ Los Roques”, tuve que tomar una decisión, me iba yo o Carlos, como no quería dejarlo solo ni dejarlo ir solo cedí el puesto a la pareja de la señora de la Planta desalinizadora, a Emerson. Uno menos pero pintaba bien el día para llegar a Los Roques.

No ocurrió nada interesante durante el día, logramos una relación mas cercana con los GN y con migración, ya se compadecían de nosotros.

La señora de las plantas desalinizadoras nos había comentado de un barco que sale de la Guaira todo los jueves rumbo a Los Roques, generalmente lleva provisiones y “da la cola” a un cupo máximo de 18 personas, eso si “esa vaina tarda como 15 horas en llegar”.

PLAN B: “Carlos, si no logramos la cola en avión nos vamos pa’ La Guaira y pedimos la cola en barco” le decía a mi mochilero junior. Este mostraba su frustración de distintas maneras, una de ellas lanzando el mandála antiestres típico de él: “COÑO MANO QUE LADILLA, YO QUIERO ESTAR EN LOS ROQUES YA”.

Volvimos a Charallave, compramos algunos insumos entre ellos un arma disuasiva llamada CHOCOLATE; queríamos imitar a Don Juan Manuel Blanco y Palacios del libro Los Amos del Valle de Herrera Luque, quien durante su visita a Napoles en el siglo XIV logro encantar a todo el reino con la misma arma. En nuestro caso queríamos encantar a las chicas de migración, GN y seguridad del aeropuerto, llave casi segura para obtener la “ansiada cola”.


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