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Lo que Usted debe saber sobre su cuerpo y la altitud, recomendaciones medicas

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El Mal de Montaña es de síntomas complejos, es decir, es un grupo de síntomas que aparecen juntos con variaciones en cada individuo.
Estos síntomas se pueden apreciar en personas que han arribado recientemente a la alta montaña o algunas veces desde pocas horas o pocos días después del ascenso.

La Alta Montaña es definida arbitrariamente después de los 3.000 mts s/n/m. (10.000 pies), personas con deficiencias cardíacas o pulmonares generalmente padecen el Mal de Montaña más bajo de los 2.500 mts s/n/m. El Mal de Montaña comúnmente se puede observar a una altura de 3.000 mts s/n/m.

¿Quienes son susceptibles de padecer Mal de Montaña?

Cualquier persona que ascienda a la alta montaña corre el riesgo de padecer el mal de montaña. Algunas personas son individualmente más susceptibles que otras por razones que todavía no se han entendido, en cambio otras son resistentes.

La susceptibilidad puede variar en cada individuo de tiempo en tiempo, un ascenso rápido sin la aclimatación respectiva puede agudizar el mal de montaña, aún el individuo más resistente puede sucumbir ante él, si este ha ascendido lo suficientemente rápido.

Cualquier persona que ha padecido el mal de montaña con anterioridad puede volver a padecer esté, si otra vez asciende de la misma forma que la vez anterior. Los jóvenes corren más riesgo de sufrir el mal de montaña que los adultos.

Este incidente es igualmente sufrido tanto por el hombre como por la mujer. Las condiciones físicas de un individuo no tienen ninguna influencia sobre el mal de montaña.

Reconocimiento y tratamiento de los síntomas.

Es muy importante poder diferenciar los síntomas del mal de montaña. Algunas veces es fatal pero es muy fácil de tratar en ciertas condiciones, si se toman en cuenta los otros problemas similares que se pueden presentar.

A continuación hablaremos de los síntomas más comunes producidos por la altura.

  • Dolor de cabeza.
  • Insomnio.
  • Síntomas Gastrointestinales.

 


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Plan de alimentación para el tour.

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Cuando preparemos nuestra mochila, tengamos en mente la noción de idoneidad (en la elección de equipo y materiales, pero nutricional,
también): los alimentos deben seleccionarse para la exigencia de una
actividad concreta. Tan desaconsejable es “quedarse corto” en nuestra ingesta para un objetivo exigente (lo que hará que perseguirlo sea un calvario a partir de un determinado momento) como sobrealimentarse para una actividad “blanda”.

Plantearé una dieta “ideal” (pueden hacerse adaptaciones personalizadas a los gustos, siempre que se respeten los nutrientes y sus proporciones aproximadas) para ascensiones a 3000 m.

Ascensiones a altitudes por encima de los 4500 m. (Andes) suponen un diseño estrictamente personalizado y riguroso. En cualquier caso, NO EXISTEN DIETAS MILAGROSAS: diez o quince días de rigurosa disciplina en alimentación y entrenamiento deportivo no pueden contrarrestar los estragos de una vida sedentaria y de “pecados” gastronómicos. Damos por supuesto que una persona que se plantea un reto de estas características, mantiene una disciplina de entrenamiento y unas nociones como mínimo autodidactas en lo que se refiere a su alimentación. Nuestras reservas energéticas, llegado este momento, no se pueden permitir el lujo de estar al límite.

Si hemos llevado una rutina deportiva adecuada y una alimentación coherente con nuestro nivel de actividad, sólo necesitaremos un “impulso energético” para el ascenso y una buena reserva que asegure la resistencia al esfuerzo prolongado. Lo primero lo cuidaremos en las horas inmediatamente anteriores a la actividad y durante la misma; lo segundo será un planteamiento nutricional de la semana previa a la ascensión.

La proporción en macronutrientes que sigue abajo, sería igualmente válida para cualquier actividad previa, sea de la índole que sea. La diferencia está en la cantidad calórica que requiere cada una de ellas y en la exigencia en tiempo y preparación de las mismas. Nos plantearemos una dieta con características similares a ésta:

Carbohidratos, aproximadamente el 60-70%; proteínas, 10-15 %; y grasas, 20-30%. Este reparto estará relacionado con una cantidad de calorías que variará en función del peso, talla, sexo, exigencias deportivas y de actividad en la vida diaria, al margen del entrenamiento.

Suponemos unas necesidades calóricas de entre 2000-3000 Kcal. (Sin olvidar las variantes mencionadas) distribuidas de la siguiente manera a lo largo del día:

CARBOHIDRATOS (pasta, arroz, legumbres, dulces, barritas energéticas…) aproximadamente entre 1300 y 1950 Kcal.

PROTEINAS: carnes, pescados, lácteos, batidos proteicos (de forma excepcional), aproximadamente entre 240 y 360 Kcal.

GRASAS (mantequillas, aceites, frutos secos, margarinas…)
aproximadamente entre 500 y 750 Kcal.

LÍQUIDOS EN ABUNDANCIA (aguas, bebidas isotónicas, zumos…) Este reparto nutricional deberá ser previo a la salida, pues
dispondremos más cómodamente de todos estos alimentos, que cuando estemos en el lugar de la actividad. La distribución cronológica de las ingestas vendrá determinada por las exigencias de la actividad (en montaña no siempre comemos cuando queremos, sino cuando podemos). Hay ocasiones en que se producen hipoglucemias (el tan temido ayuno prolongado) con súbita bajada en el rendimiento, que hay que intentar evitar o minimizar.

Desayuno:

Uno recomendable no debe ser excesivamente fuerte, puesto que no disponemos de tiempo para reposar el mismo y la actividad nos espera a muy temprana hora de la madrugada. Eso sí: debe ser muy energético.

Una propuesta aconsejable y rápida son las barritas energéticas, frutos secos, cafés solubles con leche condensada… De esta forma, nuestra energía se concentrará en la actividad física propiamente dicha más que en la digestión.

Durante la actividad necesitamos alimentos energéticos de asimilación inmediata: frutas deshidratadas (p.ej. uvas y ciruelas pasas, albaricoque y plátano secos) chocolates, barritas…También necesitamos hidratarnos y reponer sales minerales. Los productos comercializados como “deportivos” no son necesariamente mejores que otros más usuales en un supermercado. En el caso de las barritas energéticas, debemos ante todo fijarnos en la cantidad de carbohidratos que nos aportan, con respecto a las proteínas y grasas. Una buena proporción correspondería aproximadamente a 5 gr de proteínas, 7 gr de grasas y 27 gr de carbohidratos.

Será aconsejable que aseguremos productos tales como bebidas isotónicas en polvo (para facilitar su traslado), barritas energéticas, alimentos liofilizados… porque a veces resultan difíciles de encontrar o reponer en nuestras salidas.

En la vida diaria siempre hemos oído aconsejar desayunos fuertes y cenas ligeras. Y es que es lo aconsejable…en la vida diaria. En montaña será distinto.

La dieta tiene que gustarnos, para facilitar su seguimiento. En la tienda de campaña la comida será necesariamente nutritiva, pero también preferentemente sabrosa. Al pensar en nuestra comida la boca debe hacérsenos agua, para que a la montaña no se le haga la boca agua pensando en nosotros.

Un alto aporte energético nocturno en la víspera de la actividad nos garantiza la asimilación óptima de los alimentos para enfrentarnos con éxito al esfuerzo que nos espera al día siguiente. Dichos alimentos podrían ser: pasta, arroz, legumbres (todos ellos de fácil transporte y preparación, si los llevamos liofilizados). Y para los más osados, las legumbres enlatadas, que se agradecen cuando nos hemos sometido a semejante esfuerzo. Debemos tener presente que es este el momento idóneo para mimarnos, en la medida de lo posible; en el que deberemos hacer más hincapié en comer de forma abundante y adecuada. No nos podemos olvidar de la cocinilla portátil y de las recargas de gas. Todo esto será igualmente útil tanto para cocinar como para descongelar el agua, en caso necesario.

La ascensión a picos de 4000/5000 m. guarda diferencias  apreciables con los de 3000 m. Como ya sabes, y algunos habrán experimentado en propia carne, subir un 4000 no es igual que subir dos veces un 2000. Y menos aún un 8000 equivale a subir ocho veces 1000 m. NO. A medida que subimos, el esfuerzo físico y la exigencia en capacidad de sufrimiento aumentan exponencialmente. Ante este panorama, no basta con morder la lengua, agachar la cabeza y tirar “a hierro”. Hay un límite. La dieta será más rigurosa que la anterior, porque los rigores de la altitud también nos exigirán otra preparación. Hasta las altitudes mencionadas bastará con aumentar las calorías manteniendo la proporción de los nutrientes.

Para cualquier ascensión, por supuesto influyen mucho los medios de los que dispongamos, la logística de apoyo: no será lo mismo ascender con, que sin porteadores, tiendas ligeras o pesadas, disponibilidad o no de refugios con cocina, etc. Las necesidades energéticas no serán las mismas.

La actividad en alta montaña, por sus características específicas (altitud, esfuerzo prolongado, frecuente inclemencia del tiempo, desgaste psicológico por situaciones de difícil abandono o retorno…) exige una inversión calórica que muchas veces supera las previsiones de nuestra ingesta inicial.

Una expedición que, una vez conquistada la cumbre regresa con  serias secuelas físicas o psicológicas entre sus miembros, sólo puede ser tildada de fracaso. A pesar de la cumbre. Hay que volver…y hay que volver bien. Una correcta alimentación ayudará a atenuar el sufrimiento durante la actividad y a minimizar las consecuencias de un gasto energético agresivo.

Para mí una expedición no termina hasta que estoy en el bar, con la cervecita

De vuelta en casa, es el momento de recuperarnos. La transición a las nuevas rutinas deberá ser asumible y la dieta tendrá que adaptarse al ritmo de vida que teníamos (trabajo, vida social y familiar). El entrenamiento será inicialmente suave (no es aconsejable parar de golpe la actividad deportiva).Respecto a la alimentación propondremos una dieta equilibrada (cuyo aporte calórico será proporcional al desgaste) con características aproximadas a esta:

Desayuno:

  • Leche o yogures.
  • Cereales o tostadas con mermelada.
  • Frutas o zumos.

Almuerzo:

  • Fruta o zumos.
  • Lácteos (yogures, quesos frescos)

Comida:

  • Carnes o pescados.
  • Pasta, arroz, legumbres.
  • Verduras, bien cocinadas o crudas.
  • Aceite de oliva.
  • Pan.
  • Frutas o yogures.

Merienda:

  • Sándwich o bocadillo de embutido o queso.
  • Frutas o zumos.

Cena:

  • Carnes o pescados.
  • Verduras, crudas o cocinadas.
  • Aceite de oliva.
  • Pan.
  • Lácteos.

Puede que hayamos hecho de la montaña una amiga habitual y nos guste “conversar” con ella, al menos una vez cada quince días, o todos los fines de semana. Haremos bien, entonces, en mantener una rutina alimentaria que nos permita conservar esa amistad, asociando la montaña con un entorno agradable en el que disfrutamos a pesar de, o precisamente por, pedirnos probar nuestros límites (siempre dentro de lo aconsejable y controlado). Si el entorno se vuelve hostil, nuestra reserva energética puede marcar la diferencia entre una anécdota inquietante y una pesadilla que nos quite las ganas de volver.

El aporte calórico de nuestra ingesta habitual debe buscar un equilibrio entre: carbohidratos, 55-60%; proteínas, 10-15%; y grasas, 25-30%.

En el montañismo, como en otros deportes no competitivos, existen distintas actitudes: hay quien tiene “mentalidad de coche rally”, con escaladas agresivas, aceleraciones brillantes y frenazos en seco; y hay quien la tiene “de coche familiar”, con ascensiones suaves y un maletero grande y sobrecargado. Pero no olviden una cosa: en cualquier caso, un vehículo de carrocería y motor excelentes no rendirá al máximo si el combustible, lubricante y líquidos accesorios no son óptimos, adecuados a ese vehículo y para un uso concreto. A la larga (y a veces sin esperar mucho), el motor se verá afectado.


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Plan de entrenamiento para el tour.

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Se aconseja comenzar a entrenar con la mayor anticipación posible, ir al médico y hacerse estudios para determinar que se está apto para iniciar un plan de ejercicios riguroso. Un estado físico óptimo no puede omitir ninguna de las principales cualidades físicas: fuerza, resistencia y flexibilidad, por lo que debemos trabajarlas todas.

Necesitamos resistencia y fuerza muscular para afrontar un esfuerzo muy importante; principalmente en nuestras piernas y glúteos, para andar largo tiempo en ascenso y descenso, y en nuestros hombros y espalda, para sostener el peso de la mochila. La resistencia aeróbica es imprescindible: significa aumentar la cantidad de oxígeno que nuestro cuerpo pueda utilizar. El mejor ejercicio aeróbico que podemos realizar es correr, sin lugar a dudas. Correr nos exige un mayor esfuerzo que otras actividades, como el ciclismo o la natación, debido a que debemos cargar con el peso de nuestro propio cuerpo. Y, por último, debemos ser flexibles, para ampliar nuestro ángulo de movilidad articular (importante en las pendientes pronunciadas) y para disminuir el riesgo de lesión ante cualquier tropiezo o caída.

Acá van algunos ejercicios para fortalecer en forma general casi todos los músculos de las piernas y los glúteos. Si puedes,  complementarlos con trabajos más específicos en gimnasio.

En una expedición de montaña, el éxito, exceptuando lo imponderable (clima, salud, etc.), dependerá en un 20 por ciento de nuestra condición física; en otro 20 por ciento, de nuestra adaptación a la altura, y en un 60 por ciento, de nuestra cabeza. Por eso, debemos estar muy bien preparados psicológicamente para el desafío, tener una voluntad de hierro y ser valientes, pero asumir los riesgos y, sobre todo, respetar la montaña.

Contar con compañeros o guías altamente capacitados nos dará seguridad y una mayor posibilidad de lograr nuestro objetivo.

Entrenar es súper importante, y cuando se deja de hacerlo, el nivel y los músculos se achican, pero un espíritu engrandecido por una nueva experiencia no puede nunca volver a sus dimensiones anteriores.

Ejercicios para fortalecer las piernas.

Escaleras con peso
Subir y bajar escaleras con una mochila cómoda y ajustada en la zona lumbar y en el pecho; de ser posible, la misma que utilizaremos en la expedición. Empezar sin carga e ir agregando 2 kilos por  semana hasta llegar a 10 kilos. Si se puede, subir sin pausa diez pisos y bajarlos, o los que nos sea posible. Descansar 2 minutos y repetir las veces que podamos. La idea es lograr hacer el trabajo durante 30 o 40 minutos seguidos, incluidas las pausas.

Estocadas
Con los pies juntos; dar un paso adelante flexionando unos 90 grados la rodilla de la pierna que avanza. No avanzar más allá de la punta del pie. La pierna de atrás también se flexiona, sin llegar al piso. Erguido, con el pecho a la altura de la cadera, alternar una pierna y otra, 30 repeticiones. es posible, agregar pesas de 4 kg o más en las manos, con los brazos extendidos al costado del cuerpo. Realizar al menos 3 series,  descansar 1 minuto y medio entre cada una.

Zancada sobre banco
Frente a un banco, cuya altura, preferentemente, nos permita formar un ángulo de 90 grados al colocarle un pie encima, subir con la pierna de abajo extendida, bajar y volver a hacerlo 20 o 30 veces con la misma pierna. Si es posible, agregar intensidad colocando una tobillera de 1 o 2 kilos en el pie de abajo. Repetir con el otro lado. Realizar al menos 3 series con descansos de 1 minuto entre cada una.

 


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¡Seguridad y Responsabilidad!

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